RFID es el acrónimo de Radio Frequency Identification, que viene a ser en la lengua de Cervantes, Identificación por Radiofrecuencia.
Bueno, pues se trata de una tecnología basada en la utilización de un pequeño chip adherido a un producto, y a través del cual es posible mantener un rastreo de su localización. La distancia de rastreo varía mucho, dependiendo del tamaño, tipo y antena del chip, pero podría ser desde 2cm. a 13 metros en los sencillos, hasta incluso varios kilómetros en los más complejos. Son realmente pequeños y tal y como van los avances, en poco tiempo podrían ser considerados virtualmente invisibles.
A la combinación de chip y antena se la conoce como etiqueta RFID. Pues bien, la idea es que cada producto lleve una etiqueta que tendrá un número identificativo único (a diferencia del código de barras que es el mismo para todos los productos iguales), pudiendo asociarlo perfectamente al comprado. Vaya donde vaya esa persona, ese producto podrá identificarlo unívocamente.
A primera vista pueden saltar a la mente cientos de aplicaciones comerciales e industriales, por ejemplo:
Pero también saltan a la vista aplicaciones que están dado que hablar mucho en USA y que han llevado a la creación de diversas plataformas en contra de la tecnología RFID o al menos pidiendo una legislación y unas normas de conducta para las empresas que actualmente no existe. La privacidad de los compradores está en entredicho. Por ejemplo:
Puede parecer algo exagerado, pero esta es la razón por la que distintas plataformas como Stop RFID alertan sobre la inexistencia de una legislación que permita la implantación de esta tecnología de una manera segura.
Os dejo enlaces para los más inquietos:
Artículo original de Jorge Serra bajo Creative Common License.
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